23 enero 2008

No estoy pa' nadie

No sé si soy yo, que ando medio anémica, o el cambio de curro, que me está dejando reventada - voy a colgar temporalmente el pinganillo para trabajar a jornada completa de mediocre oficinista - pero, como decimos los gallegos, "non podo co cú". Y los zapatos que llevé a la boda de mi hermano y que ahora estaba usando mucho, también han dicho "kaput" esta semana (casi trece añitos que ya tenían encima, los pobres). Precisamente cuando no tengo tiempo de ir de rebajas a agenciarme otros...

Huy, qué post más interesante. Estoy cansada y he roto unos zapatos. Bravo. Que me den el Pulitzer ya.

Volveré con fuerzas renovadas en breve. Portaos bien, que os veo.

16 enero 2008

Clientes paranormales.

Grace: “¿De qué color está la luz dsl/ppp?”
Cliente: “Está en ámbar pero no brilla.”

Cliente (fumado o flipado o puesto con dios sabe qué): “Rrras, derecha, rrrasss…” (en una pobre imitación de Luis Moya)
Rubén: “Eeeeeeh… sí, verá, supongo que me llama porque no navega… hay una incidencia en la central que gestiona su línea, la central de Fresnadillo…”
Cliente: “¡Coño, de donde son los Gollum!”
Rubén: “Tengo que cambiar de curro pero ya”

Otro cliente flipado (todos le tocan al pobre Rubén): “El mayor de los sentidos es una realidad”

13 enero 2008

Sarria

El sábado pasado estuvimos en Sarria pateándonos las tiendas de muebles (y, fieles a nuestro estilo, las vimos TODAS; no conocemos medida), y aparte de solazarnos con recunchos idílico-pastoriles como éste:

Que llegas y de repente piensas: "¿Y si vendo el piso, compro esta casita, la rehabilito y me siento en ese banquito del porche a escuchar pasar el río bajo la casa el resto de mi vida...?" Y luego te acuerdas que hay que comer todos los días y el dinero no crece en los árboles, y te golpea la cruda realidad...

Decía, aparte de solazarnos con recunchos como éste, también hicimos reportaje fotográfico-sociológico:
¿No es una combinación un poco... explosiva? ¿Lejía con mechero de regalo?

11 enero 2008

Ahora también damos soporte a rotores (y no, no son de helicóptero)

Cliente: “Tengo un rotor de la marca Fribilege que está estropeado…”
Sofía: “Ayyy…”

Cliente: “No me funciona el Chopochó” (El Photoshop)

Cliente que habla con Juan: “No se me activa el punto lumínico del ADSL”

Ana Belén: “Vamos a abrirle un parto de avería…”

Cliente: “Me va el Internet a cien MEGAPÓFS

Cliente: “Tengo el router monoputo

09 enero 2008

Duda existencial.

Cuando vivía con mis padres, en cualquiera de los tropecientos pisos donde vivimos - porque nos mudábamos muy a menudo, y no porque nos persiguiera Hacienda -, antes de entrar a vivir en el piso, si estaba muy hecho polvo, lo pintábamos. De blanco. Y ya de pequeña yo rosmaba: "Pues yo quería una habitación azul". Pero no. Siempre había que pintar todas las paredes de blanco.

Cuando me independicé y me fui a compartir piso, también nos cambiamos unas cuantas veces, y me di cuenta de que los dueños no iban a poner problemas si pintabas las paredes, siempre que fuera de lo que llamaban "colores normales" (o sea, blanco, amarillo o "color arena/tostado"; como no tuvimos ningún casero demasiado enrrollado, me tuve que comer más paredes blancas y amarillas con patatas. Y yo rosmaba: "Cuando tenga un piso que sea mío, lo voy a pintar como me dé la gana. Como si me da por poner cada habitación de un color distinto."

Cuando me fui a vivir con ProtoDogKiller, el piso ya estaba pintado y además es de su familia, con lo que tampoco se lo íbamos a devolver pintado de colores.

Por fin, tenemos piso propio - bueno, en realidad es del banco hasta dentro de unos cuantos años - y me goteaba el colmillo pensando en lo potito que lo iba a poner. El pintor nos dió la carta de colores para que eligiéramos, y por fin, ya puedo pintarlo como me salga de las narices.

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Joer, ¿y ahora, de qué color lo pinto?

05 enero 2008

Agobios navideños.

Ya ha venido la Navidad y se ha ido, y no he hecho nada útil para la humanidad. El poco tiempo libre que he tenido, he estado con la familia propia o la política, o en la comida de una empresa, o en la cena de la otra, o haciendo recados, o comprando regalos, o concretando lo de las reformas, o llevando cosas al piso, o durmiendo - que tampoco me he podido permitir quedarme una mañana entera en los brazos de Morfeo, como hacía antes - . El día que en vez de ir a casa de la familia, tengamos que recibirla en casa y hacer nosotros la comida de Navidad o la cena de Nochebuena o fin de año, nos va a dar un pasmo. ¿Os ha pasado lo mismo? ¿Se supone que habéis tenido días libres y han desaparecido de vuestra memoria sin dejar rastro? ¿Os da la sensación de que realmente habéis tenido tiempo libre, o más bien tenéis la impresión de haberos pasado diez días corriendo de un lado a otro con un stress del copón?