Ayer me fui de bodorrio.
Naturalmente, el día anterior a una boda es el que eligen tus hormonas para regalarte un par de granos bien colocados, en sitios estratégicos, la gata para hacer escalada extrema sobre tus hombros y espalda - sobre todo cuando al día siguiente tienes que ponerte un vestido sin tirantes - y el clima, para llover en cuanto sales de la peluquería (esto fue lo único que no se cumplió, por suerte).
Lo único que no tengo son moratones en las piernas, ese clásico veraniego. Soy una de esas personas "de mala calidad" a las que les salen moratones por un golpe de nada; unos moratones gloriosos, inmensos, con su gama de violetas, rojos y verdes, que tardan días enteros en desaparecer, y para completar el combo, soy hipermétrope y torpe. Calamitosamente torpe. Me como todos los muebles que me encuentro a mi paso, los bolardos de las aceras, las vigas de los desvanes - afición que comparto con mi padre, por lo que mi madre ha optado por forrar de plástico de burbujas las vigas de nuestro desván -... Con lo que los moratones están a la orden del día.
También tengo una pasmosa habilidad para quedarme enganchada en las manillas de las puertas, sobre todo con blusas delicadas que no resisten el tirón. Por suerte, no comparto la altura de mi padre, que se come también las lámparas y los dinteles de algunas puertas: no es un gigante, pero 1'87 dan para mucho si vas a velocidad de crucero a todas partes. El hecho de que no tenga moratones en las piernas este verano, hecho inédito en mi vida, se debe únicamente a que nuestro piso tiene un amplio recibidor en vez de pasillo, y que todavía no tiene ningún mueble. Y cuando lo ponga, tendrá los cantos redondeados, eso seguro.
Todo esto venía a que, por primera vez en mi vida, he podido ir con unas piernas impecables a una boda. Eso sí, conseguí llegar al final de la noche con ellas intactas gracias a que me llevé unos zapatos de recambio, porque con los taconazos que llevaba, como me diera por tomar una copa de más, corría peligro.
Éste es el mundo visto desde unos zapatos normales:
Y éste es el mundo desde unos "andamios":
La boda, por cierto, estupenda. De las que me gustan: Ceremonia de diez minutos. Oficiada en gallego por una alcaldesa. En un entorno idílico y pastoril, en un pazo inmenso. El reportaje gráfico, en el Flickr.